Pedido de un hincha de River

Dicen que te vas, que el partido con Olimpo fue el último de tu ciclo. Que ya no te vamos a ver más saliendo a saludar cada vez que corean tu nombre. Que nunca más vamos a verte sonreír en cada gol o gritar en cada error por más mínimo que fuera como si uno de nosotros estuviera dirigiendo. Por eso te ganaste todo el cariño de la gente, porque adentro del campo de juego eras el mejor representante del hincha. Eras uno más. Nunca creímos que en tan poco tiempo íbamos a ganar tanto, que River iba a aparecer en la tapa de los diarios por las copas y no por una desgracia. Le devolviste la memoria a los viejos hinchas y nos diste, a una nueva generación, una sensación que nunca habíamos visto. Callaste los bullicios eternos del post descenso que no paraban de atormentarnos. Dejaste todo en cada partido, tomaste decisiones polémicas pero poco te importó, vos morías en la tuya. Se murió tu vieja y a pesar de eso, fuiste a la cancha a dirigir a el equipo, porque sos parte de él. Y todos sabemos que si no ibas a la cancha ese día, ibas a estar perdonado.
Pocas veces nos sentimos tan a gusto con un equipo como el tuyo, le diste esa tranquilidad a la hinchada que a pesar de un 0-5 en un superclasico, nadie pidió tu cabeza y mucho menos que te fueras. Le diste a River más de lo que te dio a vos.
Después del descenso, pensamos que una copa o un torneo era imposible, de lo más difícil, pero vos nos diste 6. ¿Cómo no amarte? ¿Cómo no querer que sigas en el banco de suplentes para toda la vida? Emocionaste a la hinchada con tu llanto en la final de la Sudamericana, nos diste la esperanza de que se le podía ganar a un imposible como el Barcelona.  
Hiciste tanto por River, le diste tanto a este equipo, que con lágrimas te pido que te quedes. No creo que te llegue esta carta aunque la esperanza está intacta de que de alguna forma la leas. Que sepas que yo, más millones de hinchas te piden que te quedes. Que sigas vistiendo ese traje negro, esa corbata del mismo color y esas ganas de querer ganar todo lo que se nos ponga enfrente. Muñeco, te pido, por las lágrimas, por la gloria, por el honor y para que los bosteros sigan llorando que te quedes, no un año, sino toda la vida.
Muchas gracias

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